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EL SEXO PERRUNO 2.  (Texto escrito y publicado la madrugada y tarde de este Sábado, cálido Sábado 4-Jun-2011).
 
En medio de un insomnio frecuente, entre el calor sofocante de un mal acondicionado cuarto con aire deficiente, el ventilador arrojando brisa caliente, una noche/madrugada de 22 grados centígrados, mis colegas perrunos buscando asilo cerca del aire ventilado, y un constante giro de derecha-izquierda, izquierda-derecha (sin acusar en nada la intención y preferencia política de mi pequeña y leal radio receptora) de la banda de mi “vieja”… grabadora que mi hermana me dejó en custodia desde hace poco más de 25 años, y aún en funciones, tal vez no digital ni de vanguardia innovadora, pero de acompañamiento desde que era secundariano allá por los 80´s.
 
Es patético girar la perilla de la banda radial de Mhz. (mega hertz, unidad de medida de las ondas de transmisión para radio en frecuencia “am”) y toparnos increíblemente a una parte ya más que identificada e “in crecendo (crechendo)” de comunicadores, insistentes entre la crítica persignada y moralina propia de su personalidad poco preparada, de “señalamiento” a no sé qué tipo de “escándalos”, que para poder colocarse dentro de sus estaciones, o solicitar chamba. Y me refiero a que esto era lo que ellos señalaban, no yo. ¿A quién se referirán?,  –me pregunté, no lo sé, pero si a mis lectores les es desagradable lo repetitivo y la cantaleta de que yo insista recurrentemente en lo mío (la Sra. Wallace lo logró, le costó, pero lo logró), que soy un perro empresario de nuevo andar, imagínense a un comunicador ya con tablas y “licencia” gratis para atacar a quien en gana le venga. Total, el poder les brota, y la consigna, su misión.

De pronto, comenzaba a correr ya la adrenalina por mi cuerpo, cuestionando: caray, no es posible que a los que somos robados, vejados, tratados mal por autoridades y profesionales de la información, nos traten de causantes de escándalos, de exigir lo que no se debe exigir en este país: aclaración de cuentas pendientes, justicia y seguimiento del caso completo de robos y acoso. Ya no sé si quedarme como los canadienses y algunos otros extranjeros de países diferentes cuando discutíamos objetivamente algún tema fuera de todo disfraz: “sorprendidos por las bizarras formas de distorsión mexicana, donde el robado, asaltado y secuestrado es el virtual y evidente culpable, y producto de la incivilización, propias de nuestro subdesarrollado país, en colaboración de malos comunicadores de radio y tv, y por una falta de acatamiento de reglas de toda su población”.

Duro el comentario mayoritario de mis colegas pero lo acepté en esos ayeres, porque razón tuvieron de sobra. Y eso que varias ciudades de Brasil son peligrosas, -me dijo un colega, pero a México, “ir me da miedo”, -señaló tajantemente. Claro que, al cabo de unos años posteriores, cuando trabajé en empresa extranjera, constaté que hablaban no sólo en serio, sino que aplicaban medidas de prevención, en eso de evitar si quiera salir del aeropuerto y hotel, propios de una persona civilizada, de primer nivel y mundo desarrollados, y quienes saben en un 90% de probabilidad, pueden ser víctimas de asalto, timadas ó robadas, en el mejor de los casos.
 
Pués bien, entre el par de comunicadores de la estación explorada, uno con voz de bufón ó payaso, y otro de suave gracia carente, surgió todavía más su patética exclamación, pero ya definiendo nombres, y entre ellos al Sr. Enrique Muñoz, como parte de quien iba a solicitar “chamba” en tv4, lo cual, si se refería al periodista y reportero que trabajaba con el Sr. Vivó, caray, no me queda más que confirmar que hay consigna con toda persona que difiere de sus prácticas de competencia, al sentirse “que les pisan sus callos” y les duele cualquier intento de que surja, resurja, ó se forme competencia alguna, porque no están acostumbrados a vivir y mejorar cuando la hay, síntoma inequívoco de subdesarrollo en este país, pero mental, aclaro. Y peor lo es cuando les evidenciamos comentarios bien fundados, duros pero sólidos para asimilarse a la primera.
 
La verdad, no conozco ni física ni personalmente al Sr. Muñoz, mas que su voz y sus anteriores noticiarios. Mismo caso con el Sr. Vivó.  Pero, si ya juegan a ese tipo de “bromas”, con personas que operaron como líderes de opinión por 30 años, y quienes por razones políticas les frenaron, me sonó familiar (muy familiar) el caso mío, pensando: qué me espero yo para ver resuelto todo el caso de robos y acoso a mi persona mas que seguirme defendiendo como perro, por lo que les vá a doler todavía más cada una de mis mordidas, como perro que soy, doy mi palabra, hasta que les quede claro y sólo en defensa propia, no en ataque alguno.
 
En fin, segundos después, giré la perilla, molesto e indignado, y encontré una joya de entrevista “al aire”. Clara y evidentemente la conducía y se trataba de una persona todavía “profesional” y diligente, y le identifiqué la voz: Verónica Medina, por lo que, entre intentos de conciliar el sueño y el dominante insomnio, decidí mantener un par de minutos mi interés por el programa aún cuando, de repente, a parte de sus colegas reporteros de la misma estación les brota el exceso de fanatismo periodístico. Sin embargo, al conocer el antecedente de la Sra. Medina, al lado del Sr. Berlioz y del Sr. Méndez, podía inferirme una garantía de buena labor del entrevistador. Y así fue, tal y como lo pensé.
 
La sorpresa se incrementó al saber que entrevistaba al músico Horacio Franco. Y lo primero que pensé fue: se vá a desquitar este chingón conmigo, porque le dije genio. Y así fue, -pero se lo perdono porque de chingón, no lo bajo, y le tocó ser genio, entre tanto simple mortal.
 
Es curioso pero, cuando Horacio escuche la grabación del programa al que asistió, se dará cuenta de que los fanáticos están en otra parte, pero no aquí en las almas perrunas. Puedo ser el peor irreverente, mordaz, cruel y firme, además de certero al escribir, documentar u opinar, pero no fanático –como dos de sus escuchas quienes le reclamaron por hacer un par de acotaciones comentadas del papel de la religión en la música, tanto sacra antigua, como a través de la historia y actualmente. Comentarios que coinciden con mi perspectiva (y con la de muchas personas realistas de esto, con bases de lectura en su andar). Y fue evidente que quienes se “lo bombardearon” fueron puristas radicales que se ofendieron por decir objetivamente la función de una creencia mal aplicada y usualmente no practicada, propias de una iglesia débil de doctrina transmitida, de la cual Horacio fundamentó correctamente con su conocimiento documental histórico.
 
En fin, Horacio ahora ya se dará cuenta de que el perro no es el …eeeeero, simplemente fue quien le incluyó en el grupo selecto de genios de la historia, por su talento, independientemente de qué religión, personalidad, o vida tenga.
No alcancé a escuchar totalmente, porque el ruido del ventilador opacaba mi mal oído y distraía mi escucha clara pero comentó algo de la secundaria y, si realmente (como lo dije en mi texto de… ya saben cuál) es una referencia, -que nunca coincidencia, entonces sí es el mismo chingón que escuché de adolescente puberto, en compañía de cuates del salón de clases, y durante  los eventos solemnes de la escuela.

Y esto me trajo varios recuerdos que, de no haberlos vivido en esa escuela, evidentemente no les serán familiares a ninguno de ustedes pero, si realmente acudieron a la secundaria, cualquiera que haya sido, les van a traer buenas remembranzas. Igual a los aludidos que nombraré, no dudo por un instante que, entre risas, emoción, suspiros y… otras cosas, procuraré su buen humor surja espontáneamente, o la respectiva mentada vía post en mi portal, (abajo en los comentarios, la pueden dejar).
 
Sólo que yo los redactaré desde donde lo vemos usualmente “los del montón”, los del “ganado rumiante”, atrás de las barras, entre muchos “mmmmmuuu”, otros “ommmuuu”, uno que otro “aaaahjí, aaahjí”, y pasajeros “oing oing”, desde donde estaba este can, quien ya comenzaba a ladrar.
 
Sí, a ladrar: qué buena está… Larissa, -en mi mente decía, cuando pasaba por el patio, y cuya mente perversa me leía el buen Molina (el cuate de primer y segundo grados), buen amigo y apreciable cuate, totalmente contrastante con mi parca y arrogante conducta, quien sí lo expresaba hasta subiendo de volumen su ya de por sí elevada voz; claro que, ni nos pelaba la feminina pero yo creo nos decía entre dientes “adioooós par de g…enios".
 
Qué bueeena pierna tiene Socorro, -continuaba en mi mente. Aaaaah, allá vá mi A… mor imposible, entre suspiro de amor ingenuo, pero con dolor evidente de mi infructuosa conquista.
 
Bajo esa morbosidad curiosa, es así como trataré de reconstruir cada hecho lo más fehaciente posible, sin ofender a nadie a quien mencione, por nombre que señale, cayendo tal vez en algunos errores, pero tratando de hacer lo que Ultraman hacía semanalmente en su serie de los 70´s, ó que Mazinger Z en los 80´s lo confirmaba en aquella época vespertina de la “Secu 35”: rearmaré cada instante inolvidable en mi memoria guardado.
 
Bién, decía yo, párrafos arriba, que entre una silueta deliciosa de Larissa, un cuerpo moreno, atractivo y atlético de Socorro, y una sonrisa picaresca de A… qué dijeron, a ella no la menciono, por el aprecio que le guardo. No con ello quiero decir que al resto de las personas les ofenda; al contrario, era mágico ir a la escuela y el mencionarles es para que sepan que no les olvida mi sórdida mente. Más aún cuando la testosterona irrigaba mi cuerpo y “concentrancia” y mi lealtad continúa con muchos de ellos.
 
Eran las dos y… feria de la tarde, el eterno Subdirector (después merecidamente Director General, creo que de una prepa) se preparaba a llamar a todo el ganado, quienes circulábamos (caminábamos, aclaro, por eso del… ábamos) entre saliendo del salón, después de dejar nuestras cosas (y esperar solemnemente hasta que cerraran el salón para evitar nos “bajaran” material alguno de nuestras raspadas mochilas y morrales. Portafolios para los que podían con el presupuesto) y regresar al patio central (el único que había, claro está) de la escuela.
 

  • Ummmrr, ummmrmm: jóvenes, pasen a sus lugares, -iniciaba la cantaleta semanal conmemorativa.
 
  • ¿Cuáles lugares?, -se escuchaban las clásicas voces incrustadas entre la ovejuna fuente del alumnado (desde ahí, comienza la irresponsabilidad, la falta de verdad, y la complicidad, no lo olviden amables lectores).
 
  • Al joven que no sabe cuál lugar, pase conmigo por su reporte y suspensión, si lo desconoce.
 
  • Aaah, ya lo encontramos, yaaa lo encontramos, no se moleste, verdad Chus (-decía Gilberto, “el cuñado”, para los cuates).
 
  • Yo ya lo sé g…, tú que siempre le preguntas a tu papá dónde pararte, -contestaba el Chus (Gerardo pa los cuates).
 
  • ¿Dónde, dónde, dónde?, -preguntaba Roberto (Beto, pa los cuates).
 
  • Aquí g…
 
  • Dónde.
 
  • Que aquí, delante de mí… para ensartarte. Jua.
 
  • Aaah siiií, pi… cuñado, ¡que… se quiere llevar Chus!
Dónde, dónde.
 

  • Dónde qué, ahora g…
 
  • Dónde está mi nalga.
 
  • Atrás g…
 
  • Dónde.
 
  • Que atrás, la traes cargando.
 
  • No te pases de pe…, p… Chus. Ah, allá vá mi nalguita. Mi amor, aquí conmigo, cerca de tu galán de siempre.
 
  • O sea, que cerca de mí, Concha, -respondía el Cuñado.
 
  • Ay hola (-contestaba universalmente la na… perdón, la hermosa morenaza Concepción; Concha pa los cuates y sí, sí estaba ricanela, era evidente, pero nunca se fijaron bien en sus labios, eran al estilo Angeline Jolie, marcados y seductores). Luego te veo, yo me voy para allá, porque no veo desde aquí, -excusa perfecta de una señorita cuando prefiere alejarse de riesgos inesperados de tres almas dispuestas a correr el riesgo.
 
  • ¡Aaah sí!, con que me dejas, pero luego no me vengas con que quieres que te dé, porque no te voy a dar.
 
  • Tu domingo Concha, tu domingo, no creas que otra cosa (-Gilberto arreglaba siempre todo, algo así como la antigua oficina del Presidente).
 
  • Y el Marsilli, como niño bueno, seriecito y calladito como siempre, -decía Beto (y evidentemente se referían a su perro servidor, quien les observaba serio pero sonriente, a sus futuros compañeros de salón en el futuro 3er. Año pero que, en ese grado, todavía eran del desmadroso “1° C”, mientras que nosotros del noble pero no menos relajiento “1° B”).
 
  • Mira la Lucrecia g…, qué piernas, qué pierrrnas,  -decía el Chus.
 
Lucrecia era una chica, al igual que Larissa, “las famosas de la escuela”, de un grado adelante que el nuestro, asediada por muchos, cotizada por todos, pero seducida por pocos (el desempleo del amor, al igual que siempre, no ha sido el fuerte de nuestro país). Y, después de una prolongada enfermedad (ó vacaciones autorizadas) en ella acaecida, justo un año después, algo le sucedió que incluso le vimos con un poco más de peso, pero indudablemente que era hermosa en ese periodo anterior. Lucrecia tenía una descarga de sencillez que deleitaba a todo iniciado quien le insinuaba algo:
 

  • Lucrecia, Lucrecia, si no te quieren por allá formada, aquí sí te queremos, -el ya multicitado decía.
 
La sencillez de una conquistadora sonrisa y sensual mirada, era suficiente para saber que agradecía la cortesía del grupo pero que tenía que estar en su grado con sus amigas y alejarse de los iniciados de primer grado.
 

  • Que gracias, que siempre no.
 
  • No la espantes p… Cuñado, -el Chus desalentado.
 
 
Mientras tanto, en nuestro grupo:
 

  • No empujen ca…, no empujen, -decía el audaz Nicolás, entre falsa seriedad y repitiendo el movimiento parecido al del “túnel 29 del CU” (se los dejo de tarea, para los jóvenes lectores futboleros).
 
  • Marsilli, pon orden con estos desmadrosos.
 
  • Cáaaaallate g…, o te mando a la fila de mujeres, (-Leobardo, el Tontín pa los cuates, cuidaba el flanco derecho y retaguardia).
 
  • A ver g…, como que me empujas con ellas, y me las torteo. No empujen, no empujen. ¡Aaaaguas!
 
  • Aaaay Nicolás, vete para allá, -reclamaban las manos femininas quienes le recibían entre zape y jalada de cabellos, sueter jaloneado y cuello de chazarilla doblado.
 
  • Me violan, me violan, -les reprochaba tristemente.
 
  • Jaaaajaja pi… Ticulás, eso te pasa por pi… caliente, -Leobardo al habla.
 
  • A ver jóvenes, distancia, -la autoridad solicitaba.
 
  • Ya g…, ya calmados, -Leobardo solicitando cordura, por ser el primero en fila, en riesgo de ser el evidente blanco de caer al piso y frente a todas las miradas inquisidoras al menor movimiento, pero expectantes morbosamente de que algo ocurriese.
 
  • Uno arriba, dos.
 
  • Tres g… (directo a la parte interior entre tobillo y rótula de quien estuviera adelante, para doblarlo).
 
  • Este día, comenzaremos la ceremonia… (ese rollo me lo salto, por eso de los bostezos, y lo llevo hasta el casi término de la ceremonia) … y para terminar, démosle la bienvenida una vez más a uno de nuestros brillantes y distinguidos alumnos quien, en su etapa de alumno ejemplar de esta escuela también tiene estudios musicales adicionales. Le escucharemos una de sus interpretaciones. Adelante Horacio (pensando que es el distinguido en mención), y les pido respeto mientras ejecuta su pieza musical.
 
Ahí entraba Horacio, con su flauta, persona de presencia seria, pero sencilla. Y la magia comenzaba, y el silencio prevalecía, provocado por el tono armónico de una flauta que, con sus notas, dominaba a todos los roedores de Hamelin: Pa, paraba, paraba, pa, paraba, paraba…
 

  • ¿Bach ó Mozart?, -preguntaba Molina, con tono bajo.
 
  • Bach, le contestaba este perro (Molina tenía conocimientos empíricos musicales y un piano en casa, viejo y todo pero piano, y tocaba un poco, al estilo Beto…veeen g..).
 
  • Schhhhh, que Chópin (Chopian, se pronunciaría, pero usualmente somos muy gramaticales), está tocando la flauta, -el Cuñado solicitaba compostura, en su descompuesto comportamiento.
 
  • Pi… g…, es Chopáin (-como señalé, afrontar la gramática en defensa del virtuoso Pinch...opin músico), -Molina reclamaba, entre burla mordaz y llamada de atención.
 
  • Aaah, perdón, que Chopáaaain está tocando la flauta.
 
  • Pi… Cuñado pe…, -Molina, risa y gesto mirándome, de que la ignorancia florecía en el pariente de todos y transgredía el Barroco con el Romanticismo.
 
  • …para bá, para bá, finalizaba Horacio su ejecución.
 
  • ¡Braaaavo, braaavo, braaavo por Chópin!
 
  • Es de Bach g…, -Molina en defensa del autor que en su tumba se revolcaba, al ser plagiado por un autor futurista, tal y como a su perro amigo le sucedería años después.
 
  • Queeeé, aah sí, braaavo por Bag, que toque otra Bag y Zurita también, -clamaban el Cuñado y Velasco, entre su idea conceptual de música y la telenovela del momento, ingratamente más vista que escuchado pudiera haber sido el músico.
 
  • Es bueno ese Horacio verdad, -comentaba Molina, queriendo constatar el talento más que evidente de Horacio.
 
  • Bastante, no sé mucho de música pero se escucha bien y no desafina, -le contesté.
 
  • Cómo vieron al Franco, -Villarino al quite y la crítica conocedora.
 
  • Nooo, g…, mejor tócate la Bikina tú, te sale mejor.
 
  • Ooooh, yo sólo pregunto, cómo vieron la ejecución del Franco.
 
  • Bieeen, claro que podría estar mejor si le haces segunda insisto, pero bien en firmes (como soldado).

 

  • Molina era de esas personas que, cuando te agarraba, te agarraba con todo y familia, maestra, amigo, etc., lo que no a todos les gustaba. A mí me hacía reir, aunque me apenaba con los acaecidos, y después le disculpaba en privado, para no crear futuras asperezas.
 
  • Bien Mario (Villarino), es muy bueno, -parcamente este perro le decía.
 
  • Bastante, René, baaastante, no crees. Que es amigo de la “jefa” (de grupo).
 
  • ¿Cuál jefa?, -Molina inquiriendo su desconocimiento.
 
  • Tu jefa la Fuse g…
 
  • La tuya pi… spaguetti "tallarino".
 
  • H…
 
  • Comes.
 
  • Yaaa, tranquilos, -el perro conciliador.
 
  • De Claudia, la jefa del “C”, pero él creo que vá en segundo.
 
  • Dónde compraría su flauta Yamaha negra.
 
  • Pués en la Yamaha, pi… Villarino, no manches.
 
  • Nooo, en serio, yo quiero una como ésa.
 
  • Pregúntales.
 
  • ¿A quién le preguntos? Molinas.
 
  • Con mi apellido no te metas, g…
 
  • Aaaah, y tú no me digas spaguetti.
 
  • Ja, ja, es que estás bien spaguetti g…
 
  • Ay se ven en el salón.
 
  • Ya vámonos, -Molina replicaba.
 
  • Siií, ya vámonos, -confirmaba Villarino (la palabra canta simulada, a manera de avestruces. De tarea mis jóvenes lectores).
 
  • Adiós flaaca (Verónica, la lagartija pa los de confianza), -Molina en plena pasarela de conocimiento global de la escuela y su evidente facilidad de relaciones públicas.
 
  • Hola hermoso, -le contestaban.
 
  • Roncha, salúdame.
 
  • Ay, hola Molina (Concha).
 
Y mejor, y para evitar mi presencia percibida como ausencia… este perro se retiraba en solitario, mientras Molina repartía autógrafos a toda la escuela, y antes de que ya no nos dejara pasar “La Fuse” de Química.
 
 
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